La famosa novela de Mario Vargas Llosa, "El Paraíso en la otra
esquina", publicada por Editorial Alfaguara, relata
de forma paralela las vidas de Flora
Tristán, mujer defensora de los derechos de la mujer y de los obreros, y
la de su nieto, el pintor Paul Gauguin,
que descubre la pintura y abandona la vida burguesa para viajar a Tahití.
En el
capítulo V, “La sombra de Charles Fourier", refiriéndose a los presentes
en una reunión de la logia masónica, "La Perfecta Igualdad",
en la que interviene Flora Tristán, se dice: "Más grave que el número
de oyentes era su composición social. Desde el proscenio, decorado con un
jarroncito de flores y una pared llena de símbolos masónicos, mientras monsieur
Lagrange la presentaba, Flora descubrió que tres cuartas partes de los asistentes eran patrones y sólo un tercio
obreros".
Es
obvio que en esa reunión no cabía ni un alfiler. O en todo caso, debería explicarnos
el autor, que había obreros que eran patrones o patrones que eran obreros,
supuesto de difícil explicación en el mundo revolucionario de la época.
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