lunes, 8 de junio de 2015

CONTROL DE ALCOHOLEMIA

Un hombre, cuyas iniciales eran A.J.M., conducía bajo los efectos del alcohol, cuando fue obligado a detenerse por una patrulla de la Guardia Civil que estaba llevando a cabo un control rutinario de alcoholemia.
Mientras la pareja de guardias civiles examinaban su documentación, tuvo lugar muy cerca de allí, a unos escasos 300 metros, una colisión entre dos vehículos.
Dicho acontecimiento obligó a los agentes a alejarse durante unos minutos de allí para socorrer a los accidentados.
Aprovechando la circunstancia, el conductor, que presuntamente estaba bebido, se dio a la fuga.
Cuando A.J.M. llegó a su domicilio, tras meter el coche en el garaje, le dijo a su mujer que, si alguien preguntaba, dijera que él había pasado toda la noche en casa y así salvarse de la pérdida de seis puntos.
No obstante, tres horas después aparecieron los dos agentes a su puerta.
Tanto el conductor como su cónyuge juraron y perjuraron que habían estado juntos toda la noche en casa, hasta que los agentes pidieron que les mostrasen su garaje.
Allí, aún con las luces superiores encendidas, estaba el coche patrulla de la Guardia Civil.

lunes, 18 de mayo de 2015

MUJERES

Una mujer, a la que le diagnosticaron un cáncer terminal dándole dos meses de vida, decide ir a un pintor a hacerse un retrato para dejarlo como recuerdo a su familia.
El día que llega al taller del pintor, se sienta para posar y el pintor la empieza a retratar.
Al cabo de un rato:
Mujer: Perdón, ¿podría pintarme una diadema de diamantes en la cabeza?
Pintor: Sí, señora, por supuesto.
Al cabo de unos minutos:
Mujer: ¿Y un collar de perlas en el cuello?
Pintor: Por supuesto, señora.
Y le va pidiendo que le pinte una sortija con un rubí, una pulsera de oro macizo, etc.
Al cabo de unas horas el retrato queda terminado con la mujer llena de joyas por todas las partes del cuerpo.
Pintor: Perdone señora, ¿para qué ha querido que le pinte tantas joyas?
Mujer: Para que la guarra que se case con mi marido se vuelva loca buscándolas.

lunes, 11 de mayo de 2015

EN EL PEDIATRA

Una mujer lleva a un bebé recién nacido al pediatra.
El médico examina al niño y descubre que está por debajo del peso normal.
Pediatra: ¿Se alimenta con biberón o con pecho materno?
Señora: Con pecho materno.
Pediatra: Por favor señora, Descúbrase los pechos.
La mujer obedece, y el médico toca, palpa y oprime ambos pechos, en un examen detallado, luego le indica que se cubra.
Pediatra: Con razón el niño pesa poco señora, usted no tiene leche.
Señora: Ya lo sé, doctor. Soy su abuela, pero si supiera lo contenta que estoy de haber venido a su consulta.

lunes, 4 de mayo de 2015

EL BANQUERO

Un famoso banquero, yendo en su limusina, vio a dos hombres a la orilla de la carretera comiendo césped.
Preocupado, ordenó a su chofer detenerse y bajó a investigar.
Banquero: ¿Por qué están Vds. Comiéndose el césped?
Hombre 1: No tenemos dinero para comida, por eso tenemos que comer césped.
Banquero: Bueno, entonces vengan a mi casa que yo los alimentaré.
Hombre 1: Gracias, pero tengo esposa y dos hijos conmigo. Están allí, junto al árbol.
Banquero: Que vengan también.
(Volviéndose al otro pobre hombre)
Banquero: Vd. también puede venir.
Hombre 2: Pero, señor, yo también tengo esposa y seis hijos conmigo.
Banquero: Pues que vengan también.
Entraron todos en el enorme y lujoso coche y de camino:
Hombre 1: Es usted muy bueno. Muchas gracias por llevarnos a todos.
Banquero: Hombre, no le dé vergüenza, soy muy feliz de hacerlo. Les va a encantar mi casa, el césped está como de veinte centímetros de alto.
Moraleja: Cuando crea que un banquero le está ayudando, piénselo dos veces.

lunes, 27 de abril de 2015

ARREGLANDO EL MUNDO

Un científico que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba decidido a encontrar los medios para aminorarlos y pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.
Cierto día, su hijo de 7 años fue al laboratorio decidido a ayudarle en el trabajo. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado.
Viendo que era imposible sacarlo de allí, pensó en algo para distraer su atención. Arrancó una hoja de una revista que tenía un mapa del mundo, con unas tijeras recortó el mapa en multitud de pedazos y con un rollo de cinta de pegar se los entregó al niño diciendo: “Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo recompongas sin ayuda de nadie”.
El científico calculó que le llevaría varias horas componer el mapa, pero no fue así, pasados 15 minutos ya lo había terminado.
El padre no se lo creía. Era imposible que a su edad consiguiera recomponer un mapa que nunca había visto antes.
Efectivamente, todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo un niño de esa edad ha sido capaz de hacerlo?
El padre le preguntó con asombro: ”Hijo, si no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo has sido capaz de hacer el rompecabezas?
El niño respondió: “Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que por la vuelta había un hombre. Di la vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía cómo era. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo”.
Moraleja: A veces nuestros problemas son difíciles de resolver, pero si los mirásemos al revés, con otra visión, podremos encontrarles la solución.

lunes, 20 de abril de 2015

EL VIOLINISTA

Cierto día, un músico callejero se situó en la entrada del metro "L'Enfant Plaza" de  Washington, DC. Era una mañana muy fría del mes de enero.
El violinista estuvo tocando durante 45 minutos. Empezó con Bach, luego el “Ave María” de Schubert, siguió con Manuel Ponce y Massenet y, finalmente, Bach de nuevo.
Eran las 8 de la mañana, hora punta. Pasaban cientos de personas frente a él, casi todas camino de sus trabajos.
A los pocos minutos, un hombre de avanzada edad reparó en el músico, aminoró el paso, se detuvo unos segundos y emprendió de nuevo su camino. Un minuto más tarde, el músico recibió un primer dólar: sin pararse, una mujer lanzó un billete a la caja del violín. Poco después, un individuo se paró unos instantes a escuchar, pero al mirar su reloj, echó a andar de nuevo rápidamente; se le estaba haciendo tarde.
El que le prestó mayor atención fue un niño de unos 4 años. Su madre lo cogió y tiró de él, pero el pequeño seguía escuchando. Finalmente, su madre lo agarró fuertemente y siguieron andando. El niño, mientras caminaba, seguía mirando al músico con la cabeza vuelta.
Durante los 45 minutos que el músico estuvo tocando, tan solo hubo 7 personas que se detuvieron a escucharlo, pero todas muy brevemente.
En total, logró reunir 32 dólares. Nadie miró cuando el músico dejó de tocar. Nadie le aplaudió. De entre el millar de personas que pasó por delante de él, nadie le reconoció.
Nadie notó que el músico era Joshua Bell, uno de los mejores violinistas del mundo. En los pasillos del metro tocó algunas de las más difíciles partituras que jamás se han escrito, y todo ello con un Stradivarius de 1713 valorado en 3,5 millones de dólares.
Dos días antes de estos hechos, no quedaban entradas a la venta para su concierto en el teatro de Boston, aunque costaban casi 100 dólares.
Esta actuación de incognito de Joshua Bell en la estación de metro fue organizada por el Washington Post para investigar la percepción, el gusto y las prioridades de la gente.
Estas eran las preguntas:
·  ¿Podemos, en un ambiente cotidiano y a una hora inusual, apreciar belleza?
·  ¿Nos pararíamos para apreciarla?
·  ¿Podemos reconocer el talento en un contexto inusual?
Una de las posibles conclusiones del experimento podría ser:
Si no nos detenemos unos segundos a escuchar a uno de los mejores músicos del mundo cuando está tocando una de las más bellas partituras, ¿cuántas otras cosas extraordinarias nos estaremos perdiendo diariamente al no saber apreciarlas?

lunes, 13 de abril de 2015

EL CONDUCTOR PERDIDO

Conductor: Disculpe, ¿podría ayudarme? He quedado a las 2 con un amigo, llevo media hora de retraso y no sé dónde me encuentro.
Transeúnte: Claro que sí. Se encuentra en un coche, a unos 7 km del centro ciudad, entre 40 y 42 grados de latitud norte y 58 y 60 de longitud oeste.
Conductor: ¿Es Vd. ingeniero? ¿Verdad?
Transeúnte: Sí señor, ¿cómo lo adivinó?
Conductor: Muy sencillo, todo lo que me ha dicho es 'técnicamente correcto', pero prácticamente inútil. Continúo perdido, llegaré tarde y no sé qué hacer con su información.
Transeúnte: ¿Es Vd. jefe? ¿Verdad?
Conductor: En efecto, ¿cómo lo supo?
Transeúnte: Porque no sabe dónde está ni hacia dónde se dirige, ha hecho una promesa que no puede cumplir y espera que otro le resuelva el problema. De hecho, está Vd. exactamente en la misma situación que estaba antes de encontrarnos, pero ahora, por alguna extraña razón parece que la culpa es mía.