martes, 15 de mayo de 2018

APARTAMENTO DE SOLTERO

Juan invita a su madre a cenar una noche en su apartamento de soltero. Durante la cena la madre no pudo por menos que reparar en lo hermosa que era Lourdes, la compañera de apartamento de su hijo. Durante mucho tiempo ella había tenido sospechas de que su hijo tenía relación con Lourdes y, al verla, la sospecha se acrecentó.
En el transcurso de la velada, mientras veía el modo en que los dos se comportaban, se preguntó si estarían acostándose juntos. Leyendo el pensamiento a su madre Juan le dijo: “Mama sé lo que estas pensando, pero te aseguro que Lourdes y yo sólo somos compañeros de apartamento”.
Aproximadamente una semana después, Lourdes le comentó a Juan que desde el día en que su madre vino a cenar, no encontraba el cucharón grande de plata para servir la sopa. Juan le dijo que, dada la posición económica de su madre, dudaba que se lo hubiese llevado, pero que de todas formas le escribiría una carta.
Así, que se sentó y escribió: “Querida mamá: No estoy diciendo que tú cogieras el cucharón de plata de servir salsas pero tampoco estoy diciendo que no lo cogieras, pero el hecho es que éste ha desaparecido desde que tú viniste a cenar a casa”.
Unos días más tarde, Juan recibe una carta de su madre que decía: “Querido hijo: No digo que te acuestas con Lourdes o que no te acuestas con Lourdes, pero el hecho es que si Lourdes se acostara en su propia cama, ya habría encontrado el cucharón de plata para servir salsas.
Con todo cariño. Mamá”.

martes, 8 de mayo de 2018

EL PIJAMA AZUL

La inteligencia es algo que se adquiere poco a poco y con bastante sacrificio.

Un hombre llama a su esposa desde el trabajo y le dice:
Querida, el jefe me pide que lo acompañe a pescar a Canadá con algunos clientes muy importantes. Nos vamos por una semana y ésta será una muy buena oportunidad para conseguir mi tan ansiado ascenso. No te olvides de meter suficiente ropa para una semana, además de la caña de pescar y la bolsa con los anzuelos, que cuando salga de la oficina lo pasaré a buscar. ¡Ah! Y no te olvides de incluir mi pijama de seda  azul.
A la esposa esto le suena un 'poquito' extraño y de lo más llamativo que necesitase un pijama tan lujoso para una excursión de pesca, pero como buena esposa hizo lo que su marido le pidió.
Una semana después regresa el marido, un poco cansado, pero contento. La esposa le da la bienvenida y le pregunta:
¿Pescaste mucho?
¡Ufff! No dejamos una trucha ni para muestra.
Pero, ¿por qué no metiste mi pijama azul, como te pedí?
Sí que lo hice, lo puse en la caja de los artículos de pesca.

martes, 1 de mayo de 2018

SABIA DECISIÓN


Una adolescente de catorce años le dice a su madre que desde hace un par de meses no tiene el período. Preocupadísima, la madre compra en la farmacia un "kit" del embarazo y el resultado de la prueba resulta positivo.
Gritos, lamentos, lágrimas... "¿Quién ha sido el cerdo? Quiero saber quién ha sido para decírselo a tu padre".
La chica, una vez a solas, hace una llamada telefónica.
Media hora después se detiene ante la casa un Ferrari último modelo, del que sale un tipo maduro y distinguido, de pelo entrecano, vestido impecablemente con un elegante traje que se adivina carísimo. Toma asiento en el salón, ante el padre, la madre y la hija y dice: "Buenos días, vuestra hija me ha informado del problema. Sin embargo yo no puedo casarme con ella porque tengo otra situación familiar, aunque me haré cargo. Si nace una niña le puedo legar 3 tiendas, 2 apartamentos, una villa en el mar y una cuenta de 500.000 euros. Si lo que nace es un niño el legado es un par de fábricas, además de los 500.000 euros. Si son gemelos, una fábrica y 250.000 euros por cabeza. Pero si se perdiera el feto..."
En este punto el padre, que había permanecido callado todo el tiempo, se levanta, le apoya una mano en el hombro y le dice: ...
¿Qué cree Vd. que dijo el padre?
(La respuesta en "soluciones")

martes, 24 de abril de 2018

VIAJAR EN TREN SIN BILLETE

Cinco matemáticos y cinco médicos iban en tren a un Congreso sobre Métodos Estadísticos en Medicina.
Los médicos tenían cinco billetes mientras que los matemáticos tenían sólo uno.
Los médicos se reían pensando en la multa que deberían pagar sus “tontos” compañeros de viaje.
En cierto momento uno de los matemáticos dio la voz de alarma: “¡Viene el cobrador!”.
Todos los matemáticos corrieron al baño más cercano y se encerraron dentro.
El cobrador, viendo que el baño estaba ocupado, golpeó a la puerta y dijo: “¡Billete, por favor!”.
La puerta se entreabrió y salió una mano con el billete.
El cobrador lo perforó y lo devolvió.
Cuando el cobrador se fue, los matemáticos salieron del baño y se fueron a sentar tranquilamente, mientras los médicos los observaban asombrados.
En el viaje de vuelta los médicos decidieron hacer la misma cosa y compraron sólo un billete.
Los matemáticos, sin embargo, no compraron ninguno.
En cierto momento, durante el viaje, uno de los matemáticos exclamó: “¡Viene el cobrador!”.
Los médicos corrieron apresuradamente a un baño y los matemáticos a otro.
Uno de los matemáticos sin embargo, antes de reunirse con sus colegas, golpeó la puerta de los médicos y dijo, imitando la voz del cobrador: “¡Billete, por favor!”.

martes, 17 de abril de 2018

DE VACILÓN A VACILADO

Ésta es una adaptación del acertijo lógico "El burlador burlado" que figura en el libro "¿Cómo se llama este libro?" de Raymond Smullyan, ed. Cátedra.

Siempre me ha gustado entretener a los niños pequeños. A mis dos sobrinos de 7 y 5 años, Daniel y Raúl, solía hacerles juegos de magia de todo tipo, especialmente con las cartas de la baraja. Habían cogido tal vicio, que nada más de entrar en su casa, me pedían que les hiciera algún truco.
Un día, al llegar, les dije:
Tengo un truco con el que os puedo convertir a los dos en leones.
Daniel: Vale, conviértenos en leones.
Bueno, puedo convertiros en leones, pero no lo voy a hacer porque luego no podría volver a convertiros en niños.
Raúl: Es igual, tú conviértenos en leones de todas formas.
De verdad, luego no hay forma de desconvertiros.
Daniel: ¿Y cómo haces para convertirnos en leones?
Pues, pronunciando unas palabras mágicas.
Raúl: ¿Y cuáles son las palabras mágicas? Dínoslas.
Si os las digo tendría que pronunciarlas y entonces os convertiría en leones.
Daniel y Raúl: (Pensando un momento) Pero, ¿no hay otras palabras mágicas que sirvan para desconvertir?
Claro que las hay, pero si digo las primeras palabras mágicas os convertiríais en leones, pero no sólo vosotros sino todo el mundo, incluido yo, y como los leones no saben hablar no quedará nadie en el mundo que pudiera decir las otras palabras mágicas para desconvertirnos.
Daniel: Pues, escríbelas.
Raúl: Jo, yo no sé leer.
Incluso escritas convertirían a todo el mundo en león.
Daniel y Raúl: ¡Ahhhh!
Al cabo de dos días, Daniel me llamó por teléfono y me dijo: “Tío, soy Daniel, quiero preguntarte una cosa que me trae de cabeza desde el otro día, ¿cómo hiciste tú para aprender las palabras mágicas?”.

martes, 10 de abril de 2018

EL BURRO DE HAKIM

Esta historia ocurrió en la antigua Bagdad.

Hakím era un vendedor de sal en la antigua vieja Bagdad. Cada día iba desde su casa al mercado con dos sacos de sal atados a las partes laterales de su burro. Un día caluroso, al atravesar el Tigris, el burro tropezó y se hundió en el agua fresca del río. Cuando el burro salió del río, Hakím notó que mucha sal se había disuelto y la carga, por tanto, era considerablemente más ligera para el burro. A partir de entonces, Hakím no podía evitar que el burro se zambullera en el río diariamente y arruinara parte de su carga de sal.
Pero, pensando y pensando, un día cargó el burro como de costumbre y, como de costumbre, el animal se hundió en el río. Entonces aprendió la lección y ya nunca más intentó zambullirse.
¿Qué hizo Hakím?
(La respuesta pronto en "soluciones")

martes, 3 de abril de 2018

EL MAESTRO Y EL ALUMNO

La historia que se narra a continuación dicen que ocurrió en la Grecia antigua.


Un maestro en sabiduría, el sofista Protágoras, se encargó de enseñar a un joven todos los recursos del arte de la abogacía. El maestro y el alumno hicieron un contrato según el cual el segundo se comprometía a pagar al primero la retribución correspondiente en cuanto se revelaran por primera vez sus éxitos, es decir, inmediatamente después de ganar su primer pleito.
El joven cursó sus estudios completos. Protágoras esperaba que le pagase, pero el alumno no se apresuraba a tomar parte en juicio alguno. ¿Qué hacer? El maestro, para conseguir cobrar la deuda, lo llevó ante el tribunal. Protágoras razonaba así: si gano el pleito me tendrá que pagar de acuerdo con la sentencia del tribunal; si lo pierdo y, por consiguiente lo gana él, también me tendrá que pagar, ya que, según el contrato, el joven tiene la obligación de pagarme en cuanto gane el primer pleito.
El alumno consideraba, en cambio, que el pleito entablado por Protágoras era absurdo. Por lo visto, el joven había aprendi­do algo de su maestro y pensaba así: si me condenan a pagar, de acuerdo con el contrato no debo hacerlo, puesto que habré perdido el primer pleito, y si el fallo no es favorable al demandante, tampoco estaré obligado a abonarle nada, basándome en la sentencia del tribunal.
Llegó el día del juicio. El tribunal se encontró en un verdadero aprieto. Sin embargo, después de mucho pensarlo halló una salida y dictó un fallo que, sin contravenir las condiciones del contrato entre el maestro y el alumno, le daba al primero la posibilidad de recibir la retribución estipulada.
¿Cuál fue la sentencia del tribunal?
(La respuesta pronto en "soluciones")